Cine

Metáforas de Cine “Hasta el Último Hombre”

Hacksaw Ridge

Desmod Doss era un joven adventista de fuertes creencias cristianas que se unió al ejército el 1 de Abril de 1942 para servir a su patria. El entendía el valor de la vida, por lo que se negaba a portar un arma y esto lo llevo a tener conflictos con otros soldados que desconfiaban de el. Eso no impidió que se convirtiera en el primer y único objetor de conciencia en ser galardonado con la Medalla de Honor.

En mayo de 1945 la unidad de Doss fue asignada a Okinawa en la Batalla del pacífico. El objetivo era conquistar un imponente risco que los soldados llamaban HACKSAW RIDGE.

Allí los soldados americanos recibieron un sorpresivo y violento ataque por parte de los japoneses y muchos de ellos retrocedieron dejando a muchos heridos en el acantilado.

Doss desobedeciendo las ordenes de sus superiores, regreso para rescatar a sus compañeros heridos y termino rescatando a 75 de sus compañeros en el campo de batalla.

Esos mismos compañeros que en un principio dudaban que el soldado desarmado sirviera de algún tipo de ayuda, fueron los mismos que terminaron siendo testigos de su gran heroísmo. Este joven creyente rehusó pelear con armas humanas, sus armas siempre fueron su Biblia y su fe.

Esta historia fue llevada al cine de forma magistral por el actor/director Mel Gibson (Corazón valiente; La pasión de Cristo) y la película transmite de una manera hermosa el poder de la fe y de las convicciones, mensaje central de la historia de este héroe americano.

La película contiene momentos y diálogos que nos dejan más de una metáfora pero hoy quiero detenerme en uno de esos momentos. Siempre vemos a Doss durante el recorrido del film aferrado a sus convicciones y siempre llevando una Biblia en la mano. Durante los descansos de sus entrenamientos, en las noches en la base, y cada espacio libre los aprovechaba para recurrir a la Biblia para fortalecer su fe para recibir ayuda en los momentos más difíciles. Hay una escena en particular que me conmovió de manera especial.

No tiene que ver con las espectaculares escenas de batalla o con aquellos momentos álgidos en la trama (situaciones de las que hablaré en futuros escritos) sino con una pequeña escena. Es casi en el tramo final de la película, los soldados suben nuevamente el risco motivados por el heroísmo y la valentía de Doss al rescatar el solo a 75 compañeros, y Doss es alcanzado por la explosión de una granada. Herido, tiene que ser retirado del campo de batalla para ser atendido.

Sin embargo cuando es llevado en la camilla, Doss se da cuenta que no lleva la Biblia consigo, se cayó en algún momento de la explosión y aún dentro del shock de la explosión repite una y otra vez –“Mi Biblia, mi Biblia…donde está mi Biblia”- Uno de los jóvenes soldados que lo auxiliaba corrió raudo al campo de batalla a buscar la Biblia perdida y luego de encontrarla se la regreso a su dueño.

Lo más importante para Doss en ese tenso momento fue sentir la seguridad que su Biblia seguía con él. Esa pequeña escena tan poderosa me llevo a la reflexión sobre el valor que le damos a las Sagradas Escrituras. En estos tiempos somos presas del pánico cuando no encontramos nuestro celular o si no encontramos nuestra billetera o las llaves del auto. Somos capaces de dejar de hacer lo que hacemos y salir a buscar el objeto perdido sin importar nada.

¿Se imaginan tener esa misma actitud pero con la Biblia? Que diferente sería todo si nos diéramos cuenta al salir de casa que no llevamos la Biblia con nosotros y regresáramos preocupados a recogerla. Que diferente sería todo si así como tocamos nuestros bolsillos para confirmar que la billetera sigue con nosotros, pudiéramos alertarnos si nuestra Biblia sigue en nuestro saco.

Atesorar la Palabra de Dios como la luz que nos guía en este mundo es un sentimiento que no debemos permitir que desaparezca de nuestras vidas, más aún si nos hacemos llamar creyentes. Leerla, escudriñarla y llevarla a la práctica debería ser de vital importancia en nuestras vidas.

Debemos llegar a un punto en donde al igual que el Salmista, nos deleitemos en su Palabra y afirmemos que ni el mismo oro es tan valioso como ella. Expresar de lo más profundo de nuestro corazón que su Palabra es más dulce que miel que destila el panal. (Samlo 19:10) Esa debe de ser nuestra meta máxima, deleitarnos en sus Palabra!!! Permitir que la Biblia nos acompañe al despertar, en nuestro día y antes de dormir. Que aprovechemos los espacios de silencio y soledad para sumergirnos en sus historias y su sabiduría.

Debemos volver a la Palabra de Dios y buscarla desesperadamente y encontrar en ella la inspiración necesaria para amar mejor, servir mejor, hacer su obra y no solo eso, recibir fortaleza y consuelo para la hora oscura. Sin Biblia seremos incapaces de conocer a Dios y saber su voluntad. Comencemos a pedir que llegue un gran despertar a nuestras vidas, pero un despertar Bíblico, un deseo genuino de querer conocer más y más a nuestro Dios…

Desmod Doss tenía un deseo ardiente de servir y obedecer a Dios y termino siendo un héroe de guerra capaz de dar la vida por salvar a otros. Nada de esto hubiera sido posible sin el fuego encendido por la Palabra de Dios a la que siempre recurría. En este momento haz un compromiso contigo mismo… desafíate a llevar la Biblia contigo a todos lados, a leerla y escudriñarla con pasión.

VUELVE A LAS ESCRITURAS, REGRESA A TU PRIMER AMOR!!  Los grandes milagros en la historia han sucedido a través de hombres que amaban con locura su Palabra. Imagina lo que Dios puede hacer contigo cuando te comprometas a amar su Palabra con esa misma pasión!!! 

“Lo que necesitamos hoy son hombres que crean en la Biblia, desde la corona de sus cabezas hasta las plantas de sus pies; que crean en toda ella, las cosas que entiendan y las que no entiendan” — D.L. Moody.

Por Pastor
Luis Morillas

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